El rechazo a la lectura no siempre significa falta de interés o desmotivación; en muchas ocasiones puede estar relacionado con dificultades en la comprensión, la atención, el lenguaje, la decodificación o experiencias previas poco satisfactorias. Identificar la causa es el primer paso para brindar el apoyo adecuado.
Desde el enfoque psicopedagógico, fomentar una experiencia lectora positiva, respetar el ritmo de cada niño y utilizar estrategias motivadoras favorece el desarrollo del hábito lector y fortalece el aprendizaje a largo plazo.





