El fracaso escolar no ocurre de manera repentina, sino que suele ser el resultado de múltiples factores académicos, emocionales, familiares y sociales que, si se detectan a tiempo, pueden prevenirse.
La identificación temprana de las dificultades, el fortalecimiento de las habilidades de aprendizaje y el trabajo conjunto entre la familia, la escuela y los profesionales favorecen el éxito educativo.
Desde la psicopedagogía, una intervención oportuna y basada en evidencia permite potenciar las fortalezas de cada estudiante y reducir el riesgo de rezago o deserción escolar.





