El estrés académico es una respuesta natural ante las exigencias escolares; sin embargo, cuando se vuelve intenso o persistente, puede afectar la atención, la memoria, la motivación, el rendimiento académico y el bienestar emocional del adolescente.
Identificar sus señales de manera temprana y desarrollar estrategias de afrontamiento saludables permite fortalecer la autorregulación, la resiliencia y el equilibrio entre las demandas académicas y la salud mental.





