Durante la adolescencia, las funciones ejecutivas continúan en pleno desarrollo. Capacidades como planificar, organizarse, controlar impulsos, mantener información en la memoria de trabajo, adaptarse a los cambios y tomar decisiones dependen en gran medida de circuitos cerebrales especialmente prefrontales que siguen madurando durante la adultez joven.
Por ello, algunas conductas adolescentes que parecen desorganización o impulsividad deben comprenderse también desde su momento neuroevolutivo.
Acompañar con estructura, oportunidades para tomar decisiones, estrategias de autorregulación y autonomía progresiva contribuye a fortalecer estas habilidades.
El desarrollo ejecutivo no se acelera exigiendo más, sino ofreciendo experiencias que permitan practicar, equivocarse, reflexionar y aprender.





