La escritura no es una habilidad automática ni depende únicamente de aprender a sujetar un lápiz.
Es un proceso complejo que requiere la integración de funciones neuropsicológicas, lingüísticas, perceptivas, motoras y emocionales.
Antes de exigir precisión en el trazo, es fundamental favorecer la conciencia fonológica, la coordinación visomotora, la motricidad fina, la orientación espaciotemporal, la atención, la memoria, la lateralidad y el control postural.
Respetar estos prerrequisitos permite que el aprendizaje de la escritura sea más natural, funcional y significativo.





